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jueves, 13 de agosto de 2009

130 Hay un momento en la vida

Características



Propuesta


Ya lo dijo Borges:

Yo he sospechado alguna vez que cualquier vida humana, por intrincada y populosa que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.
Si para algo ha de servirnos la escritura ha de ser, fundamentalmente, para encontrarnos con nosotros mismos. Puede ocurrir que ese momento al que alude Borges aún no nos haya llegado. O puede ser que sí. También podría suceder que el futuro nos depare otros momentos que cambien nuestro destino. En todo caso, hasta hoy, seguro que tenemos, no el típico minuto de gloria que busca más el reconocimiento social, sino nuestro momento de encuentro con nosotros mismos.

Y, ¿cuál ha sido , en tu caso, ese momento? En mi caso fue el hecho con el que descubrí que me dedicaría a dar clases. Ocurrió al evocar el día en el que mi primer profesor en la primaria, don Ángel, al ver que había llegado a clase arrastrándome porque me había torcido el pie, me subió a rajón y me llevó a casa. Aquel día me sentí importante y supe que sería profesor.


Respuestas

4 comentarios:

Luisa B dijo...

Hubo un momento en la vida que supe que me gustaba escribir, que me gustaba articular las palabras para crear expresiones y contenido que pudiesen informar, entretener, narrar, describir, emocionar y hasta dar a conocer teorías y verdades ya probadas o conocimientos teóricos ya formulados, ya fundamentados, aquellos que una vez que se leen permiten al ser humano, soñar, pensar, imaginar, comprender, entretener, discrepar; así mismo supe que me gustaba complementar estos escritos con imágenes, fotografías, aquellas que plasman la realidad, que muestran al mundo tal cual es en un momento dado, momento que de seguro ya no volverá, imágenes que captan un tiempo, un espacio de una expresión, un hecho, movimientos, una pose, un lugar, un gesto, algo que en ese momento llame para que sea plasmado, fotografiado; y ambos gustos conjugados: la escritura y las imágenes, conforman en esencia el preludio de un mundo de satisfacción, de encuentro con uno mismo, de éxtasis, de placer, de continuo crear y plasmar y no parar; este hecho ocurrió el día que mis escritos y mis imágenes fueron glorificadas por mi madre, sin saber de quién era, alabo parte de mis hazañas que alcanzo a leer, para aquel entonces bien niña me sentí grande, me sentí animada, gratificada; solo alcance a decir de forma modesta y hasta asustada que formaba parte de mi creación, de mi inspiración, de mi hacer. Así mismo ocurrió con las fotos, por donde pasaba capturaba imágenes que hasta ahora perduran en el recuerdo y en la mente de todos los que tienen oportunidad de volverlas a ver.

Granito de Arena dijo...

Mentiría si digo que viví un momento en el que supe que mi vida sería al final para escribir y dar rienda suelta a los mundos que llevo, algunos guardados y otros asomándose, en mi interior. La verdad es que el primer momento, que considero el más importante, no me mostró este camino pero lo definió.

Ese primer momento fue a los cinco años cuando, saliéndome de lo normal para un niño de esas edad, empecé a leer todo lo que estaba en la biblioteca de mi casa y al entrar a 1° de primaria ya había adelantado 3 o 4 libros (no desarrollé temprano lectura veloz, eso fue años adelante-10, 11 años-). De algún modo, mientras leía libros, incluso interesantes enciclopedias ya soñaba, aunque de manera lejana y sin entender que podría ser posible, que yo escribiría libros, crearía mundos, con princesas, aventureros en la selva o el mar, pero sobre todo creados por mí.

En segundo lugar, de los 15 a los 18 años leí mucha literatura de cierto nivel y no aguanté más, me escribí varios cuadernos de cuentos y 3 o 4 intentos fracasados de novelas. En ese momento me frustré un poco, sentí que jamás tendría la técnica o conocimiento para escribir algo decente, así que seguí leyendo sin escribir.

Muchos años después, pasando 25 años, había leído muchos consejos, decálogos, asistido a talleres y ya sintiendo que entendía algo sobre ser escritor volví a la carga, pero esta vez con más claridad, los cuadernos viejos nunca los encontré pero rescaté el único cuento que, en la distancia, considero valioso de aquello que escribí antes de los veinte. El primer momento fue determinante, el segundo complemento y aprendizaje necesario y el tercero brillante despertar. Se me hace imposible escoger uno, pero si debo hacerlo, aún sin conocimiento técnico o dirección, me quedo con el primer momento, a los cinco años de edad descubriéndome como un enamorado de la lectura y los libros, la esperanza de un niño es el nacimiento de grandes logros individuales y colectivos.


IreneO dijo...

Hubo un momento muy doloroso en mi vida, que me llevó a reflexionar, a detenerme por un momento y pensar qué era lo que realmente quería hacer. Ello ocurrió a los 16 años, cuando habiendo perdido un año de estudios universitarios, y luego de escuchar unas palabras muy duras de una de las profesoras, supe que iba a ser abogado, y que ya no habría más obstáculos que lo impidieran, pues era la profesión para la cual yo había sido destinada. Hoy 16 años después, agradezco a esa profesora sus rudas palabras, pues fueron el incentivo que necesitaba en ese momento para demostrarle a ella y a los demás que lograría llegar a la meta propuesta, ya que lo que más me gustaba era poder ayudar y defender a los demás de las injusticias. Agradezco ese momento difícil, porque gracias a eso pude encontrarme conmigo misma y tomar una acertada decisión.

Florache dijo...

De chica veía a mi padre trabajar en la imprenta con tanto entusiasmo que decía que de grande me encargaría de seguir sus mismos pasos. Él me transmitió su misma curiosidad sobre los soportes y los impresos que podían llegar a existir y que están al alcance de uno mismo con tan sólo buscar un poco de información. Me contaba historias de cómo se hacía el papel, cómo es que quedaba la tinta impregnada en ella y la más lindas de todas eran las de los personajes que había dentro de las impresoras que se encargaban de "dibujar" lo que aparecía en el monitor de la pantalla. Me contaba que eran cuatro muñecos de cuatro colores (Amarillo, Celeste, Rosa y Negro) que se juntaban y complementaban. Cada uno tenía un lápiz mágico de acuerdo al color que representaban.

De más grande fui conociendo paralelamente lo que hoy es mi hobby, el deporte, más que nada el básquet y no voy a negar que esta pasión también me generó dudas para decidir mi futuro. Pero lo que realmente me ayudó a definir fue la universidad, donde fui conociendo un poco más sobre el diseño y la comunicación visual que me terminó de cerrar que había una conexión entre lo que me apasionaba de la imprenta y las ganas de querer comunicar esta pasión mediante la gráfica visual.

Hoy en día estoy terminando de estudiar la carrera y participando de un torneo de Basquet femenino, puedo decir que sé el camino que estoy tomando, hacia dónde quiero ir y que lo disfruto mucho. Y agradezco a mi padre que lamentablemente ya no me acompaña más físicamente, pero que siempre está presente por haberme contagiado su misma pasión.