Visita nuestra red de blogs educativos

martes, 11 de agosto de 2009

172 Come, historia, come

Características



Propuesta



Dar de comer a quien lo necesita y si hay que dar de comer a una historia se le da. Y así la historia engorda que es lo que queremos hacer con esta historia que vamos a empezar y a la que cada uno irá añadiendo una frase intercalada en el lugar que él considere oportuno y que sirva para aportar información sobre los diferentes acontecimientos que en la historia se van narrando y que a todos nos va a interesar ...

Salió un día radiante. Así que todo resultó de lo más emocionante.

Haces un copia y pega en la respuesta e intercalas una frase entre las anteriores. Estas dos frases son el comienzo y final. Son inamovibles. Pero entre ellas cada uno añade otras. Siempre hemos de tomar como referencia las frases que encontremos en la última respuesta y a ellas hemos de intercalar en el lugar que queramos la frase que a nosotros nos guste.


Respuestas

5 comentarios:

Luisa B dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Luisa B dijo...

Salió un día radiante.
Nos dispusimos a salir a la playa más cercana, todos en familia, invitamos a unos amigos para compartir todos juntos y pasar un día divertido, el sol y el día estaban radiantes, el cielo azul se veía completamente limpio, despejado y brillante, todo era muy emocionante, el recorrido a la playa lo hicimos parándonos a llenar el tanque de gasolina, a comer algo en carretera, a ver artesanías y detalles para luego regalar; una vez en la playa, nos ubicamos en un sitio espectacular, donde se veía en todo su esplendor el agua de mar, bajo una sombra de un árbol que allí se encontraba inmenso, que arropaba con su copa una sombra de ensueño y allí nos quedamos, dispuestos todos a darnos un gran chapuzón en las aguas quietas de ese mar grandioso y brillante, ya en el agua y a poca distancia aparecieron un grupo de delfines que danzaron no tan lejos de nosotros, y allí permanecieron un rato, a lo cual decidimos nadar un poco y encontrarnos con ellos y así ocurrió, estaban como esperando ansiosos nuestra llegada, nos encontrábamos allí, nadando con los delfines, sobre su lomo, agarrados de sus aletas, nos conducían en círculos y de un lado a otro, todo era tan emocionante, nos veíamos unos a los otros y sonreíamos un montón, como nos divertimos; ya después de algún tiempo y algo ya cansados decidimos volver a la orilla, además ya era hora de partir. Una vez en el carro recordábamos el momento y llegamos a casa.
Esto fue algo muy especial.
Así que todo resultó de lo más emocionante.

Granito de Arena dijo...

Salió un día radiante.

Y así decidimos ir al museo, la visita la teníamos programada desde más de un año atrás pero siempre había una “razón” para postergar el día en familia. Ese día, el sol nos dio la señal y antes de que nos diese tiempo de arrepentirnos, estábamos en el carro, mi esposa, mi hija y mi persona, rumbo al museo de cera de la ciudad.
Al comienzo la visita se hizo algo aburrida, el guía era un gordo de camisa negra y alargaba las palabras como esforzándose en mostrarnos cuanto le fastidiaba su trabajo. De pronto se me ocurrió recordar a mi esposa, delante de mi hija, aquella vieja película de terror con los muñecos de cera que tomaban vida. El chispazo fue colectivo, al guía le brillaron los ojos, igual a mi hija y mi esposa, que detectó esto antes que yo, empezó a comentarme pasajes de la película. Resulta que que el gordo guía era fanático de las viejas películas de terror y no dejo de sonreír en toda la visita mientras comentábamos como eran los monstruos del museo de cera en la película. Al parecer le cayó muy bien porque hasta en su paso se notó que de pronto consideraba más interesante su trabajo.
A fin de cuentas nos marchamos a casa y nuestra hija no quiso quedarse en su casa, se acostó con nosotros que empezamos riéndonos del cambio del guía y terminamos recordando la terrorífica película.

Así que todo resultó de lo más emocionante.

Redacciones JaimesWorking dijo...

Salió un día radiante.

Como es bien sabido las vacaciones de los pequeños es siempre importante para ellos, pero por cuestiones personales, estas se estaban complicando y parecían no darse con facilidad, por lo cual un viaje a distancia podría no estar entre las posibilidades, sin embargo, para no acabar con la ilusión de los más pequeños optamos por elegir una alternativa positiva para ellos y que además no requiriera de tantos recursos ni de tiempo.
Y así decidimos ir al museo, la visita la teníamos programada desde más de un año atrás pero siempre había una “razón” para postergar el día en familia. Ese día, el sol nos dio la señal y antes de que nos diese tiempo de arrepentirnos, estábamos en el carro, mi esposa, mi hija y mi persona, rumbo al museo de cera de la ciudad.
En el camino a este lugar, la sensación y la necesidad de comer nos hicieron detenernos, en un restaurante en donde se desprendían unos olores que podían degustarse por su olor fácilmente, lo cual fue comprobado una vez cada uno pudo disfrutar de su comida, la cual desapareció muy pronto, el tiempo corrió tan rápido, que todos apresurados corrimos a nuestro auto, con el cual finamente llegamos a nuestro destino en el museo.
Al comienzo la visita se hizo algo aburrida, el guía era un gordo de camisa negra y alargaba las palabras como esforzándose en mostrarnos cuanto le fastidiaba su trabajo. De pronto se me ocurrió recordar a mi esposa, delante de mi hija, aquella vieja película de terror con los muñecos de cera que tomaban vida. El chispazo fue colectivo, al guía le brillaron los ojos, igual a mi hija y mi esposa, que detectó esto antes que yo, empezó a comentarme pasajes de la película. Resulta que el gordo guía era fanático de las viejas películas de terror y no dejo de sonreír en toda la visita mientras comentábamos como eran los monstruos del museo de cera en la película. Al parecer le cayó muy bien porque hasta en su paso se notó que de pronto consideraba más interesante su trabajo.
A fin de cuentas nos marchamos a casa y nuestra hija no quiso quedarse en su casa, se acostó con nosotros que empezamos riéndonos del cambio del guía y terminamos recordando la terrorífica película, esas son las grandes anécdotas de las cuales muy pocas veces uno se olvidan, y los momentos que probablemente más se aprecia en familia, la verdad es que lo mejor de ese gran día fue el reluciente sol que nos permitió que todo surgiera de maravilla.

Así que todo resultó de lo más emocionante.

IreneO dijo...

Salió un día radiante
Por fin habían llegado las vacaciones, después de un largo año de trabajo, después de estar largas horas, días y algunas veces noches encerrada en esa oficina de 4 paredes, por fin habían llegado las vacaciones. Era el momento ideal para tomar un merecido descanso, e ir a visitar su lugar favorito en todo el mundo la playa. Ya tenía los pasajes listos, la maleta lista y ese día de sol radiante era perfecto para su plan de viaje, por tanto tomo un taxi, se dirigió al aeropuerto donde espero impaciente para tomar ese vuelo que la llevaría directamente a Cancún donde disfrutaría de unos días de playa, sol y arena. Luego de un largo vuelo, llegó a un hermoso hotel y al entrar a su habitación se sorprendió de las comodidades de la misma, la hermosa vista al mar, los niños corriendo y jugando a la orilla de la playa. Ella estaba feliz, sabía que iba a descansar pero también a disfrutar.
Así que todo resulto de lo más emocionante.